Una familia decidió volver caminando desde Mar del Plata hasta su casa en Formosa y una joven que se enteró por la TV de esta travesía se dispuso a ayudarlos. Se trata de Angélica González, una gendarme sampedrina que se desempeña en Neuquén, quien decidió colaborar para que la dura travesía fuera más llevadera, en un gesto que llena de orgullo a sus amistades de la capital de la Araucaria en Misiones y se aprecia el agradecimiento en varios posteos virtuales por parte de la familia formoseña.
La historia de Angélica González es un tanto dura ya que cuando tenía 14 años, su padre Marcelino González falleció asesinado en Cruce Caballero. Pasados unos años y luego de finalizar el nivel secundario, junto a su madre y demás hermanos se mudaron a la localidad de Irigoyen, donde poco a poco y para cumplir uno de sus sueños que era formar parte de Gendarmería Nacional, Angélica trabajó en tiendas y una panadería para costearse los estudios, ganando dinero que le permitió finalmente realizar todos los trámites necesarios y a los 21 ingresó a la fuerza.
Como gendarme en segunda categoría trabajó un año en Mendoza, luego fue convocada para realizar un curso en Córdoba donde se quedó por tres años y pudo trabajar con los caballos, una de sus pasiones, lo que la llevó a realizar la especialización en Operaciones Montadas, para finalmente pasar a desempeñarse en la provincia de Neuquén, precisamente en Aluminé, lugar en el que está ahora y donde conoció y ayudó a la familia norteña a regresar a su hogar.
El hombre había viajado hasta Mar del Plata junto a su hija y su yerno, a principios de febrero para trabajar como albañil, pero con el inicio de la cuarentena obligatoria se quedaron sin trabajo, por lo que no pudieron pagar el alquiler y fueron desalojados y viviendo en un terreno baldío ya sin recursos, tomaron la drástica decisión de regresar a pie.
La sampedrina se vio conmovida por la historia de los formoseños, dado que los integrantes no tenían para comer y a uno de ellos se le habían formado ampollas de tanto caminar por más de 60 kilómetros. “Cuando veo el caso, me conmocioné, el hombre pedía para comer, traté de comunicarme para depositarle plata para que tuvieran qué comer, en eso ellos consiguieron que la policía los llevara nuevamente a Mar del Plata y yo vería si alguien viajaba desde Mar del Plata a Formosa para traerlos”, arrancó contando Angélica.
“Hablando con el señor me dijo que habían taxis pero era exagerado el precio y no sé cómo me salió para pagarles yo misma, pero la plata que tenía no me alcanzaba”, indicó la joven pero sin embargo como su amor por los caballos se traduce en delicadas y encantadoras pinturas sobre tela, esa segunda pasión le permitió reunir todo el dinero para completar el monto que pedía el taxista. Así, ante la falta de recursos, publicó uno de sus cuadros en un grupo cerrado de Facebook para hacer un remate hasta llegar al valor que le permitiría ayudar a la familia.
“Realicé el pago del taxi, felizmente ya están en sus casas, la familia no sabía quién era yo, pero la esposa del taxista tenía mis datos y comenzó a realizar las publicaciones para agradecerme. Así se comenzó a conocer la historia. Gracias a Dios lo que me enseñó mi papá son estos valores, que los tengo siempre presentes, ayudar a los demás siempre que podamos”, “Con todo esto de la pandemia yo pienso que es momento de tomar conciencia y no se puede dejar a las personas así nomás, a la deriva”, reflexionó finalmente la gendarme misionera, protagonista de la historia que hoy nos ocupa..








