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Por Pedro Cinta

La situación en el conflicto de Ucrania pareciera que cada día empeora. A pesar de que las noticias por parte del lado ruso son optimistas, ya que el primer mandatario, en el marco de una reunión con su par de Bielorrusia, anunció el pasado 11 de marzo, que las negociaciones “están dando algunos pasos positivos”, no ha dado más precisiones al respecto. Sin embargo, las cifras de desplazados crecen día a día, empeorando la situación de los países anfitriones como Polonia, Moldavia, Hungría, Eslovaquia y Rumania.

“La cantidad de niños que se está desplazando es asombrosa, indicio de lo desesperada que se ha vuelto la situación”, ha manifestado Afshan Khan, directora regional de UNICEF para Europa y Asia Central. “Los niños están dejando atrás todo lo que conocen en busca de seguridad. Es desgarrador”.

En tanto otra de las agencias dependientes de la ONU, ACNUR, ha dado a conocer las cifras de la cantidad de refugiados y desplazados. A la actualidad existen 2.030.000 refugiados, repartidos en los diferentes países anfitriones y aproximadamente unos 2.000.000 de desplazados (Fuente: https://news.un.org/)

A la crisis humanitaria, se le suma la crisis alimentaria venidera, ya que en los próximos meses, en Ucrania la tierra se prepara para la siembra y si tenemos en cuenta que el país es agroexportador, las perspectivas no son nada alentadoras.

Pareciera que las intenciones de la OTAN de expansión le costará al mundo un precio muy alto. Y es que las consecuencias de intención de expansión, una de las principales causas del conflicto, tendrán un período de tiempo muy extenso para recuperar la economía mundial a niveles anteriores al conflicto.

La OTAN, una alianza estratégica conformada por un bloque de países europeos, que junto con los EEUU y Canadá, fue conformada en el marco de la Guerra Fría como una alianza de defensa colectiva contra la amenaza de la entonces URSS. Pero tal entidad estatal ya no existe, y sin embargo, la Alianza logró mantenerse y cooptar a países de la órbita de sus “antiguos enemigos” inclusive, como Polonia, Eslovaquia, Estonia, Hungría, entre otros. Esto llevó de 15 a 30 los países con membresía en el Pacto y que próximamente se le sumaría Ucrania, ya que este país solicitó la membresía para formar parte de la Unión Europea y del Pacto Atlántico.

Ucrania sostiene conflictos territoriales por el dominio de Crímea y de su puerto, en donde se encuentra anclada la flota rusa del Mar Negro y por la región prorrusa del Dombás; de aprobarse la inclusión de Ucrania al Pacto Atlántico, el desplazamiento a la región de los sistemas misilísticos sería una realidad inevitable, ya que como lo menciona en su artículo 5 y 6 del estatuto1, los miembros se ven obligados a responder ante una agresión. Esta situación es inaceptable en materia de seguridad y defensa para Moscú. El balance de poder en el mundo se vendría de bruces y tendríamos que dar la bienvenida a un orden unipolar.

El poder ejecutivo Ruso advirtió que esta realidad de conflicto que hoy se vive se daría inexorablemente. Entre las advertencias, podemos mencionar el discurso dado en el marco de la Conferencia de Seguridad llevada a cabo en Múnich en el año 2007, en la cual, Vladimir Putin expresó: “Espero que no se repitan viejas historias y que se tenga la sensatez de resolver ese problema por la vía del diálogo y la cooperación”.

Ante los oídos sordos de occidente, Putin lanzo el 24 de febrero el anuncio de una “operación militar especial”, opción estratégica que conlleva el empleo de la acción militar directa con riesgos medidos, desarrollada en etapas para lograr los objetivos políticos impuestos. Asimismo, contempla el empleo del ciberespacio y de operaciones especiales. Dicha operación deja abierto el canal diplomático para la negociación. El 25 de febrero, las tropas rusas ingresan a territorio ucraniano por el este y norte (límite con Bielorrusia).

La respuesta fue amplia y contundente. Actualmente, Rusia no tiene acceso a sus reservas económicas, su moneda ha devaluado en casi un 40%, los bancos Bank Otkritie, Novikombank, Promsvyazbank, Bank Rossiya, Sovcombank, Vnesheconombank (VEB) y VTB Bank no podrán usar el sistema Swift para sus operaciones diarias, lo que pone el 80% de las operaciones financieras rusas afuera del mercado internacional, obligando a Rusia a emplear los bancos chinos para poder completar las transacciones financieras, entre otras sanciones sin precedentes, como la suspensión de importaciones de chips, exclusión de los espacios aéreos a aeronaves comerciales rusas, prohibición de importaciones rusas (como los minerales y el petróleo), entre otras.

Esto ha traído aparejado un sinfín de inconvenientes en los mercados bursátiles, como el disparo del precio del petróleo, el trigo, minerales y la inestabilidad en los tipos de cambio, que aumentará la inflación mundial y las dificultades comerciales.

Hemos visto como occidente ha tenido que recurrir a relaciones diplomáticas impensadas hasta hace no más de un mes, con países como Venezuela e Irán, para suplantar la cantidad de barriles de crudo necesarias para la provisión energética mundial.

Hasta no hace tanto, ceder en el tratado nuclear con Irán era una posición inaceptable para occidente, plasmado en el Tratado firmado por el entonces titular de la Casa Blanca, Donald Trump en el año 2018. Hoy, ya se estudian no solo la incorporación de Irán a los países con capacidad para el desarrollo de armas nucleares, sino también, el levantamiento de algunas sanciones impuestas por EEUU.

El mundo ya no será el mismo. El conflicto ucraniano ha abierto una caja de pandora incierta. Los chinos siguen muy atentos a la situación. Recordemos que el conflicto por el dominio de la isla de Taiwán los pone en una situación similar. Los acuerdos AUKUS y QUAD, para frenar la expansión de la República Popular China, pone en este escenario geopolítico una cuota más de inestabilidad a la paz mundial. El conflicto podría replicarse en esa región.

Latinoamérica mira expectante, pero fragmentada. Producto del cierre de los mercados de exportación rusos, el beneficio es obvio. Desde ya veremos un cambio de dimensión estratégica de la región, una oportunidad que ya se está mensurando. Pero ¿hasta qué punto será este cambio duradero? Y ¿será capitalizado en el tiempo por la región este “viento de cola”?

Mientras el mundo sigue expectante, ante el temor del empleo efectivo de la opción nuclear, poco probable, pero posible, y que traería desconocidas consecuencias. Un mundo multipolar se encuentra agonizando. Un EEUU, única y verdadera superpotencia está a las puertas y no es una causa vieja ni archivada: “El éxito geoestratégico de esa causa representaría un legado adecuado de los Estados Unidos en su papel de primera, única y verdadera superpotencia global”. (Brzezinski Z. 1997)