Cientos de vecinos y vecinas se sumaron a una jornada inolvidable en Tupungato, donde el talento local brilló con fuerza y el trabajo comunitario fue el verdadero protagonista. La cuarta edición del Festival de la Nuez y los Vinos de Altura no solo consolidó su posición como un evento icónico del calendario cultural, productivo y turístico del departamento, sino que también demostró ser una plataforma clave para el desarrollo y la generación de nuevas oportunidades.
El día comenzó temprano con el encanto del Paseo Peatonal, un espacio donde la Avenida Belgrano cobró vida con colores, aromas y creatividad. Los emprendedores y artesanos desplegaron sus puestos bajo el cálido sol, mientras bares, cafés y restaurantes trasladaban sus mesas al aire libre, ofreciendo a vecinos y visitantes una oferta gastronómica variada y deliciosa. Las calles se convirtieron en un escenario vibrante, repleto de risas, conversación y buena música.
Ya entrada la tarde, a partir de las 17 h, la fiesta tomó un nuevo impulso con los espectáculos artísticos que hicieron vibrar a todos los presentes. El escenario principal sirvió como punto de encuentro para una destacada grilla de artistas locales y regionales, quienes deleitaron al público con presentaciones llenas de música, danza y pasión. Grupos como Voces del Norte de Hoy y Siempre, La Doble A, Ecos del Valle, Nacho Silva y La Huella ofrecieron lo mejor de sus repertorios, mientras que ballets tradicionales como Alma Criolla, Renacer y Caporales de San José cautivaron con la energía y vigor de sus coreografías. A pesar del frío que llegó al anochecer, las cerca de 5°C no desanimaron a los asistentes, quienes permanecieron hasta el final del evento cerca de las 22 h.
Una particularidad que marcó esta edición fue la activa participación de las promociones estudiantiles 2026. Motivados por iniciativas del Área de Juventudes, los estudiantes no solo ofrecieron productos panificados como parte del evento, sino que también presentaron originales propuestas audiovisuales que promocionaban el festival. Estas iniciativas no solo les permitieron involucrarse en esta importante celebración cultural, sino también dejar su huella en un marco colectivo de creatividad y compromiso.
El festival no olvidó rendir homenaje a fechas importantes como el Día del Trabajador y la Trabajadora, reconociendo el esfuerzo de todas aquellas personas que son pilares fundamentales para el progreso de la comunidad. Además, se celebró el Día Internacional de la Danza, resaltando el papel transformador de la cultura y promoviendo valores como el respeto y la unión social.
En resumen, el Festival de la Nuez y los Vinos de Altura volvió a posicionarse como un valioso motor en todos los sentidos: una reunión festiva que refuerza no solo los lazos entre los miembros de Tupungato, sino también el orgullo por su rica identidad cultural. Mucho más que un evento, este festival simboliza el alma viva del pueblo, proyectándolo como un destino que florece desde sus raíces y que mira hacia un futuro pleno de crecimiento y unión comunitaria. Una vez más, Tupungato demostró que, cuando la comunidad se une, se logra algo realmente extraordinario.






