2622430412

Compartí la noticia

La obra quedó inaugurada el viernes y se logró con la recaudación de más de $200.000. Hubo colectas y eventos.

Esta no será una Nochebuena cualquiera para los tunuyaninos. Durante la misa de gloria, la emblemática campana de la parroquia Nuestra Señora del Carmen se volverá a oír repicar, como no sucedía desde los años ’70, cuando se clausuró el viejo templo. Que «convoque a la oración», entre otros avisos, será posible gracias a que la comunidad reunió fondos durante casi dos años para que la principal iglesia del departamento tuviera un nuevo campanario, lo que quedó finalmente inaugurado el viernes.

«Cuando ya tuvimos el plano, primero nos pareció que era algo fantasioso. Pero, después, cuando vimos que lo podíamos hacer, se volvió fantástico», así definió Graciela López, vecina de Tunuyán y miembro del consejo de asuntos económicos de la parroquia, cómo fueron las primeras expectativas a partir de la decisión de concretar la idea del padre Federico Kahr, de volver a poner en funcionamiento a la campana del pueblo.

Es que, desde los años ’70, cuando se clausuró la antigua iglesia y se construyó la nueva sin campanario, las campanas, que eran dos –una se extravió–, quedaron olvidadas en el patio de una escuela lindante. Allí, luego, se montó una estructura provisoria desde donde se hacía sonar a la que sobrevivió al abandono, que fue la más grande (de más de 100 años y de 200 kilos). «Pero ni se escuchaba porque estaba escondida en un patio interno», detalló Juan Carlos Blazquez, uno de los encargados de tocarla en ese entonces. Esa estructura se demolió ante la ampliación del colegio, hace 6 años, llevando a que nuevamente la campana quedara en desuso.

«Ahora dijimos: hagamos algo ya definitivo, no provisorio. Y fue todo logrado gracias al esfuerzo del pueblo, porque es una obra de ellos y también una cuestión religiosa y de fe. Y sola la gente se fue ofreciendo a donar voluntariamente», contó el párroco, acerca de la intención que surgió a principios de 2016, que fue convirtiéndose en realidad gracias a la colaboración de la comunidad.

En total, la obra tuvo un costo superior a los $200 mil, que se reunieron a través de eventos, como dos ventas de locros y una rifa, y a las donaciones particulares que los vecinos fueron acercando.

También, gracias a que hubo desde pequeños pero significativos aportes, como el de la recaudación de una feria de platos hecha por niños y jóvenes, hasta el trabajo ad honorem de muchos profesionales que intervinieron. «Si no, hubiera costado el doble», aseguraron.

«Tanta gente colaboró, se preocupó, que desde hace unos meses nos viene preguntando ‘¿y el campanario?'», agregó Gabriela Cabalín, también miembro del consejo económico, asegurando que la ansiedad y cooperación de la población superó sus expectativas. «Es que la campana es un llamado», justificó con convicción la feligresa López.

Kahr, por su parte, detalló: «La campana suena para convocar o marcar momentos importantes. El más habitual, para la misa de los fines de semana. Es como un signo que convoca a la unidad, expresa la unión en la oración, como la hora del ángelus. También puede desde acompañar el paso de un difunto hasta para anunciar la muerte o la elección del Papa».

Gentileza de Alejandra Adi