Javier Vilar (37) había elegido la carrera de suboficial en el Ejército por vocación. Pero se vio obligado a trabajar como custodio privado para completar su sueldo. Fue en ese contexto que motochorros lo mataron en un robo cuando transportaba una importante suma de dinero.
El asalto ocurrió ayer viernes en Beiró y Cervantes, en el barrio porteño de Villa Devoto, cuando Vilar y Gustavo Ismael Morales (42), otro militar que hacía de custodio, se bajó de un auto con dos mochilas con dinero cada uno. Las habían ido a retirar a una oficina sobre la avenida Córdoba y las llevaban a una financiera ubicada en Beiró al 5100, según informaron fuentes policiales a Clarín.
Apenas hicieron unos pasos cuando dos ladrones armados los sorprendieron. Uno le exigió el bolso a Morales y se lo entregó. El otro asaltante forcejeó con Vilar y le dio un tiro. Cuando el oficial cayó, le sacaron la mochila. Parte de ese terrible episodio quedó registrado por una cámara de seguridad de la financiera. Los ladrones actuaron a cara descubierta y fueron directamente a la mochila. Luego escaparon corriendo cruzando Beiró.
Desde un primer momento la Policía manejó la hipótesis de un asalto planificado. «Un testigo dijo que los estaban esperando desde hacía una hora», dijo un investigador.
«Escuchamos un impacto y salí porque había gente que entró al local diciendo que hubo un disparo y alguien muerto. Era el chico de acá al lado», dijo a TN un comerciante vecino del lugar donde ocurrió el hecho.
«Por lo que escuché se bajaron de una moto y le dispararon. Le robaron y le sacaron el arma reglamentaria», agregó el vecino. «Varios vecinos quisieron ayudarlo, pero ya era tarde», lamentó.
La bala ingresó por uno de los hombros de Vilar y le provocó una herida grave, con orificio de salida por una axila. El suboficial cayó al piso y murió a los pocos segundos. En ese instante se ve a Morales pidiendo auxilio con su teléfono.
Los ladrones volvieron a las motos en las que los esperaban dos cómplices y escaparon por Cervantes en dirección a Juan B. Justo. Una cámara de seguridad registró el momento de la fuga en el que dos de los delincuentes pasan a toda velocidad en una Honda CG Titán azul -uno de ellos a cara descubierta- y unos segundos después los sigue otro rodado.
Javier era de Gualeguaychú, estaba casado y tenía tres hijos de 3, 5 y 14 años. Hace poco uno de los chicos tuvo un problema en su vista y tuvo que pedir ser trasladado desde Campos de los Andes, en Mendoza, a Buenos Aires para que lo puedan operar. Su último destino era en el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas.
«Acá se gana menos y la situación lo llevó a tener que trabajar como custodio, cuando no podemos. No lo hacía por la plata sino porque realmente lo necesitaba», dijo a Clarín un amigo de él.
«Tenía vocación absoluta. Entró a la Escuela de Suboficiales del Ejército Sargento Cabral con 16 años en 1998. Egresó en el 2000. Era excelente en todo sentido», agregó su amigo. «Muy buena persona y mejor soldado», agregó otro de sus allegados.
Clarín







