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Con las revelaciones producidas en la Caso Cuadernos se supo que Muñoz recibía bolsos con coimas que transportaba a Santa Cruz y a la casa de los Kirchner. Primero fue la confesión de Oscar Centeno, chofer de Roberto Baratta, el segundo de Julio De Vido en el ministerio de Planificación del kirchnerismo, quien explicó cómo era el sistema de recolección y entrega de bolsos con coimas.

Después confesaron los empresarios que admitieron el pago de coimas para conseguir obra pública. Luego se sumó la confesión del financista Ernesto Clarens quien transformaba las coimas de pesos a dólares y se las daba en bolsos a Muñoz. Gracias a ser el receptor primario de las coimas, Muñoz tuvo prosperidad. Murió en 2016 y dejó millones en manos de su viuda Carolina Pochetti, quien también confesó y explicó que parte de la fortuna ilegal, unos 30 millones de dólares conseguida por Muñoz estaba invertida en las islas de Turks and Caicos.

Antes de eso habían comprado propiedades en Estados Unidos por una cifra cercana a los 70 millones de dólares, pero antes de transformarse en un inversor internacional, Muñoz puso dinero negro en empresas en Argentina para lavar lo conseguido a partir de ser el receptor primario de los bolsos de las coimas. A Muñoz no se le conoció otro empleo más que el de secretario privado de Néstor y Cristina, desde donde se convirtió en un exitoso empresario.

El juez Martínez De Giorgi mandó exhortos a Suiza y a las Islas Vírgenes Británicas para decomisar los fondos, porque quedó demostrado durante la investigación que Muñoz invirtió dinero negro en complejos turísticos, en garajes, en farmacias y en la fábrica de nebulizadores San Up. Todas las maniobras se hicieron a partir de la creación de sociedades en varios países del mundo, algunas de las que quedaron expuestas en los Panamá Papers.

La compra que hizo Muñoz de la firma San-Up se concretó mediante transferencias a cuentas suizas de uno de los testaferros del ex secretario de los Kirchner, Carlos Temístocles Cortez, que fue uno de los procesados por el delito de lavado de dinero por el fallecido juez Claudio Bonadio como parte de la banda de Muñoz. Cortez abrió cuentas en Suiza desde donde se hicieron varias transferencias algunas de ellas para que Muñoz adquiriera inmuebles en Estados Unidos y quedo comprobado que el dinero que circulaba por aquellas cuentas era producto de la corrupción.

Cortez fue socio de los hermanos Rubén y Leonardo Llaneza en un grupo de farmacias instalado en la Patagonia. En esa empresa Muñoz, a través de Cortez, inyectó dinero sucio para blanquearlo. Alejandro Manzanares, ex contador de la familia Kirchner confirmó ante la justicia haber armado sociedades para que Muñoz blanqueara dinero obtenido por la recolección de bolsos.

Manzanares también explicó en su confesión cómo se hizo la compra de la fábrica de nebulizadores. El contador dijo que “Muñoz inició la compra de San-Up S.A, que era de Jorge Shemi. Fue un negocio que trajo Cortez. La operación de compra fue por 34 millones de dólares según me informó Muñoz, aunque en los papeles creo que se consignó 8 millones de pesos. Eso obra en las declaraciones juradas fiscales de Cortez y de Llaneza.”.

Ya en 2018 Bonadio había mandado exhortos a Suiza para que se congelaran los fondos de las cuentas que Cortez tenía en aquel país y que según los investigadores estaban repletas de fondos de Muñoz. Y para que determinaran las transferencias que se hicieron desde esas cuentas.

De la información enviada por las autoridades suizas a la Argentina en las últimas semanas se desprende que hubo transferencias por 5 millones de dólares de cuentas de Cortez/Muñoz a las de integrantes de la familia Shemi que vendieron una parte mayoritaria de la compañía. Las acciones que compró Muñoz pertenecieron a Jorge Isaac Shemi, Alberto José Shemi, Martín Bernardo Shemi y Sabrina Shemi.

Se detectaron tres transferencias ordenadas por Cortez. Una por un millón de dólares, otra por un millón y medio de dólares y la última por dos millones y medio de dólares. Las primeras dos transferencias terminaron en cuentas a nombre de los Shemi. La tercera tuvo como destino una cuenta a nombre de la firma “Ruby Nature International Ltd”. Esa firma se registró en agosto de 2012 –meses antes de las transferencias- en las Islas Vírgenes Británicas y quedó expuesta en los Panama Papers. Según la información que se volcó a la base de datos del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) esa firma pertenece a la familia Shemi. Dejó de operar en 2015 y fue dada de baja del registro en 2016.

Foto: web