Aunque no se define cuándo, en medio de la preocupante pandemia de coronavirus, hay una necesidad imperiosa que empieza a vislumbrarse con fuerza entre las familias argentinas y es la vuelta de las clases presenciales.
Es que, los niños y adolescentes empiezan a manifestar cada vez más los síntomas del confinamiento, lo que incide también en el desempeño en la actual virtualidad para los que pueden, más allá de los resultados aceptables que anota el Gobierno. Para los especialistas, bajo un claro entendimiento de la cuestión sanitaria, que pega fuerte en varias provincias, el hecho áulico es el punto máximo de la sociabilización y el aprendizaje, pero sobre todo, de contacto interpersonal de los estudiantes, tanto con los docentes como con los compañeros.
Por eso, hace falta una discusión mayor, a fondo, sacando del medio las connotaciones ideológicas y políticas que impiden avanzar, en medio de la embestida del virus, pero también de los temores. Es menester de las autoridades sentarse a discutir para que, principalmente, los sectores más vulnerables y postergados puedan recuperar el contacto real con el colegio.
Hoy, en una buena porción de naciones de todo el mundo, los chicos están regresando a las escuelas; algunas con transmisiones sostenidas y otras con importantes brotes, pero con estrictos protocolos para evitar la propagación y, sobre todo, con inversión. Por eso, es fundamental que se analicen nuevas alternativas para que la propuesta educativa nacional sea lo menos cerrada posible e incluya seriamente a todos.









