Vanesa y Javier Goulu son de Tunuyán, desde el 2008 están casados y pese a no poder tener hijos biológicos decidieron adoptar. Así fue como en julio del año pasado llegó Máximo León, este pequeño de 1 año y medio que les cambió la vida para siempre.
“La posibilidad de la adopción la veníamos barajando hace tiempo. Pero recién hace tres años y medio decidimos concretar”, dijo Javier que también recordó la burocracia que implica adoptar un niño.
“Es un momento muy complejo ya que hay que llenar muchos papeles. Entre ellos, uno donde se elige qué niño quiere adoptar. Algo muy duro de determinar ya que uno solo sueña con ser padre no con escoger un niño con determinadas características. Por ello, la única exigencia que pusimos fue que el niño no tuviera ninguna enfermedad terminal”, manifestó el hombre.
Pasaron tres años y medio, sonó el teléfono y desde el juzgado de menores les anunciaron que existía la posibilidad de adoptar a un varón. El niño había nacido al sexto mes de gestación por lo que padecía serios problemas de salud.
“Entre los problemas que tenía León era que había nacido con un derrame cerebral grado 4, uno de los más severos que puede ocasionar daños cerebrales a largo plazo. Sabemos que fue parido en su casa y su progenitora nunca se vinculó con él”, contó Javier que también refirió que el pequeño tiene una gastrostomía, es decir, se alimenta por sonda ya que su instinto de succión es débil.
“En estos meses que ha estado con nosotros hemos logrado cambios significativos. Nos hemos abocado a su recuperación, nuestra vida gira en torno a León”, dijo emocionado Javier que también recordó que cuando el niño llegó al hogar era un bebé, no podía mantener firme su cabeza, sus piernas estaban sin fuerzas y con mucha estimulación lograron que diera sus primeros pasos, que mantuviera su cabeza firme, que dijera sus primeras palabras.
Del abandono al amor de un hogar
Vanesa y Javier cumplieron su sueño y pese a los miedos de enfrentar esta nueva etapa hoy sienten plenitud. Junto a León ya celebraron su primera Navidad y Año Nuevo y sus vidas cambió para siempre. Ya nada será igual para este pequeño.
“Estas fiestas han sido especiales para nosotros. Armar el árbol de Navidad con el bebé, en familia, planificar regalos y toda una rutina ha sido hermoso. Estamos muy felices, no sólo mi mujer y yo sino también nuestros familiares y amigos que son los que apoyaron desde el principio esta historia”, expresó el hombre.
Muchos niños necesitan de nuestro amor
A pesar de estar viviendo uno de los momentos más felices de sus vidas. Javier no pudo dejar de pensar, especialmente en Navidad y Año Nuevo, en esos niños que aún esperan por un hogar. Pequeños que aguardan, como lo hacía León, por el amor familiar.
“Es muy duro. De 40 niños que están listos para ser adoptados, 30 son discapacitados y el resto son niños grandes que las parejas no quieren porque todos buscan bebés y ‘sanos’. Realmente me duele en el alma pensar que la sociedad no pueda entender lo bien que puede hacerle a estos pequeños. La vida se hizo para lucharla y de eso se trata de ponerse el problema al hombro y enfrentarlo como lo hace cualquiera”, manifestó emocionado.
Adoptar, un acto de mucho amor
Lo que hicieron Vanesa y Javier no lo hace cualquiera. Hay que tener un corazón y una mente muy abiertos. Obvio que es más fácil adoptar un bebé “sano” pero existen otros niños que también merecen la oportunidad de ser felices.
“Con Vanesa, no elegimos en ese listado que nos dieron en el juzgado que nuestro hijo sea sano sino que queríamos formar una familia. Sabemos que la discapacidad de León puede ser revertida con el tiempo y con la estimulación necesaria”, aseguró Javier.
“Instamos a que los padres realmente se animen y les den la oportunidad a estos chicos. No es fácil, hay que dedicarles mucho tiempo pero a la larga llega la recompensa. No estamos solos en este camino y eso es lo bueno. Nosotros queremos agradecer al personal del Hospital de Tunuyán que nos brinda una gran mano siempre, a la del Registro Único de Adopción (RUA) y a la sociedad entera, con ellos, todo es mucho más fácil”, manifestó Javier.
Hacer frente a los obstáculos
La historia podría cerrar así, con un final feliz, sin embargo, hay situaciones que no lo permiten. Una de ellas tiene que ver con la falta de cobertura médica para León. Sí, así como lee, el niño no puede realizar todas sus terapias porque no tiene cobertura médica.
Javier es empleado, trabaja en un canal de televisión de Tunuyán y posee la obra social Ospes, de los Trabajadores de Estaciones de Servicio. “El hecho de no ser un hijo biológico y ser discapacitado genera varios inconvenientes para que pueda tener su cobertura. Hay que luchar mucho por sus derechos. Después de 4 meses, recién el jueves pasado lo llamaron para ser evaluado y nos refirieron que por ahora iban a tratar que, al menos, se le reconozca el 70% de las terapias que realiza, algo que es irrisorio. El necesita hacer mucha rehabilitación para salir adelante y no es fácil sin cobertura”, dijo el padre.
La historia de León es una historia que demuestra que sólo con amor es posible cumplir los sueños. En febrero, este matrimonio logrará la adopción definitiva. Faltan unos meses, pero nadie duda que León ya es hijo de Vanesa y Javier, el amor está y las ganas de transitar este camino juntos como familia también.
Fuente: El Sol







