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El miércoles por la noche, una llamada al 911 alertó al personal de la Comisaría 1° de Luján y lo acercó al recreo conocido en El Colonial en el cruce de Mitre y Padre Salvaire, una zona usualmente concurrida con un restaurante en el lugar y varios espacios donde se reúnen familias los fines de semana, no muy lejos de la catedral de la zona. Allí, encontraron a un hombre con manchas de sangre en las manos y en el piso que lo rodeaba, restos de masa encefálica que podían apreciarse a simple vista y a pocos metros estaba su auto, un BMW. Había una valija a pocos metros en la orilla, partes de un cadáver estaba allí adentro, el torso según reportes había salido de la valija y se veía semi sumergido en el agua.

Ricardo Ignacio Baladía, de 56 años y escribano de profesión con domicilio en Castelar y estudio en Morón, aseguró a la Policía Bonaerense que mató a una persona que entro a robarle, primero dijo que era un hombre, luego una mujer y que y lo sorprendió mientras intentaba ingresar a su escribanía, supuestamente para robarle por lo que le disparo varias veces y corto el cuerpo en fragmentos, versión que deberá ratificar ante la oficina de la UFI 10 que quedo con el caso.

Alrededor de las 3 de la mañana personal de la división Delitos Complejos de Policía Científica allanó la escribanía, donde encontraron rastros de sangre junto a una hidrolavadora que habría usado para borrar los rastros del brutal crimen que estaban en pisos y paredes, recolectaron también varias vainas, que por el momento se desconoce si corresponden al crimen, algo que deberá determinar una pericia balística. Cerca de Baladía aseguran que tiene permiso legal para portar armas de fuego y que ya había sufrido un robo en su estudio a comienzos de año, con un sospechoso que entró y robó varios objetos y dinero en efectivo, causando destrozos.

Baladía, además de estar registrado oficialmente como escribano en organismos de su municipio, es abogado según registros del Colegio bonaerense y el Colegio porteño disponibles de forma online. De acuerdo a los padrones de ambos organismos, no estaría habilitado para ejercer la profesión. Su estado psicológico todavía no fue evaluado y fuentes en los organismos de seguridad confirman que Baladía no tiene antecedentes penales en la provincia.

El misterio del DNI en el auto, la coartada que no cierra y el rompecabezas del cadáver
Los familiares de quien la Justicia cree que es la víctima viajan a reconocerlo y hasta cerca de las 15 horas. de ayer jueves, tanto la policía como la Unidad Fiscal, no sabían de quién es el cadáver que el escribano y abogado había descuartizado y lanzado en partes al agua del río Luján, como así aún no se pudo identificar con exactitud científica el género del cuerpo, ya que no habían sido encontrados los órganos genitales.

El profesional al ser sorprendido por los efectivos de la Comisaría 1° de la zona, primero dijo que no sabía qué pasaba, que estaba perdido, desorientado, bajo tratamiento psiquiátrico y luego que lo detuvieran, contó la historia del ladrón. El test de luminol reveló gran cantidad de sangre en piso y paredes, lavada con una hidrolavadora y se encontraron vainas, pero a simple vista los restos encontrados no tenían ningún agujero de bala. 

La contradicción es obvia: si lavó la escena del crimen, ¿por qué no habría de llevarse los casquillos que eran prueba clave para una pericia balística? Un abogado, para empezar, debería saberlo. Se cree que Baladía comenzó a desmembrar el cuerpo en su propio estudio para continuar frente al río Luján, donde una gran cantidad de fragmentos de vísceras fue hallada en un contrapiso de cemento a la vera del río.

La autopsia en la morgue de Chivilcoy había comenzado con un rompecabezas incompleto: Policía Científica recuperó en un primer momento el torso del cadáver que flotaba en el agua cerca de la orilla, una pierna que fue encontrada en el BMW modelo 98 de Baladía y el resto se fue encontrando durante el día como la cabeza, que fue hallada a mediados de la mañana cercenada en dos, a 50 centímetros de profundidad. El rastreo del cuerpo estaba casi completo para comienzos de la tarde: solo faltaba un antebrazo, los genitales y el desmembramiento, parte por parte, articulación por articulación, había sido casi total.

Dentro del BMW, además de sangre y restos humanos, había un DNI tarjeta, número 29 millones que le correspondía a Miguel Alejandro Pereyra, un hombre de Castelar de 42 años, vecino de la casa familiar de los Baladía ya que su domicilio queda a apenas 14 cuadras de distancia.

“Es mi jardinero”, dijo Baladía después de la detención, en medio de su monólogo. Pereyra, de acuerdo a registros previsionales, no tuvo ningún empleo en blanco en la última década. La UFI N°10 logró contactar a su familia, que viajaba a Luján a mediados de la tarde para declarar e intentar reconocer el cuerpo. Ellos podrán decir si efectivamente Miguel Alejandro es la víctima, y qué lo unía al escribano, más allá de cortarle el pasto.

Por otra parte, el monólogo en el calabozo es difícil de creer. “¿Por qué la perversidad de un desmembramiento de estas características?”, se preguntan los investigadores. Podría haber alegado una legítima defensa, en vez de descuartizar un cuerpo y viajar más de 50 kilómetros para descartarlo.