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Con una simple pregunta ¿En qué lo puedo ayudar, señor?, demuestra un gesto de ayuda del empleado de seguridad de un banco que de manera informal, le da una mano a una persona mayor de edad en un cajero automático mientras intenta resolver una operación ante el desconocimiento de cómo usar el sistema.

Esta escena se repite a diario en sucursales de todo el país, pero en este caso puntual, un empleado de 23 años que trabajaba para una reconocida firma del rubro, vecino de Parque Chacabuco, solía aprovecharse de la debilidad de las personas que depositaban su confianza en él.  El empleado, cuyo nombre es mantenido en reserva por las autoridades, estaba destinado a los salones principales de atención al público y trabajó en diversos bancos. Allí, mediante una serie de preguntas, tomaba los datos de sus víctimas para luego apoderarse del dinero y derivaba los fondos a cuentas controladas por él mismo y que incluso usaba para pagar servicios personales, lo que se convirtió en el principal factor para encontrarlo a través de un simple seguimiento.

Ayer, personal de la división Fraudes Bancarios de la Policía de la Ciudad lo arrestó en su departamento de la calle Asamblea al 1500 luego de que una víctima, un abogado porteño de 75 años, se reportara como damnificado, con una causa a cargo del Juzgado N°5 del doctor Manuel de Campos. Se secuestraron computadoras, teléfonos celulares y papelería de la empresa de seguridad en la que se desempeñaba.

Tras el allanamiento, De Campos dispuso la detención del empleado y que los elementos secuestrados sean elevados a la División Análisis de Inteligencia informática para las pericias pertinentes. También se reveló su modus operandi, una maniobra que les costó dinero y bienestar a jubilados.

La denuncia contra L.C data de comienzos de este año y por lo visto, el joven no perdió el tiempo. A la empresa de seguridad que lo mantuvo como empleado al menos hasta mayo de este año según registros previsionales, había entrado en junio de 2019. Pero, desviar dinero de cuentas ajenas no pagaba todas sus deudas ya que todavía le debe un monto menor a un banco porteño.

Hoy, estafar a alguien en vivo y a frente a frente parece una cosa del pasado. Las estafas cibernéticas están a la orden del día, con un aumento del 50 por ciento según la UFECI, la unidad de la Procuración dedicada a delitos online. Además, proliferan los “cuentos del tío” y los secuestros virtuales: una banda de once personas de la comunidad gitana fue arrestada en la periferia de Rosario el mes pasado acusados de ese delito.