Camila es una joven sanrafaelina que reside en el Gran Mendoza y denunció agresiones físicas propinadas por policías que trabajan en Luján. El caso fue dado a conocer por Diario San Rafael, desde donde precisaron que el caso es investigado por la Inspección General de Seguridad.
«Fui víctima de las manos sueltas de tres policías pertenecientes a la Comisaría 47ª de Carrodilla», contó la joven y agregó que el hecho ocurrió cuando caminaba hacia la parada de colectivo y un hombre quiso manosearla, cosa que no pudo hacer porque rápidamente la joven pudo salir corriendo.
A los pocos minutos llegó la policía, fue trasladada primero hacia la Unidad de Orden Público y luego hacia el Hospital Central y decidió no realizar la denuncia para poder llegar a su casa lo antes posible, sin imaginar que el mal momento estaba lejos de concluir, tal lo narra en su cuenta de Facebook.
Camilo dijo: «Me llevaron hasta un lugar intermedio para pasarme a otro móvil que iba a llevarme hasta mi hogar, en Capital. Apenas me subo, comienzo a escuchar comentarios como ‘hablen despacito, no ven que le duele la cabeza’ (risas), por lo que decidí bajarme, ya que sólo quería estar en paz». Ante ésta situación, continuó, «No me permitieron bajar, por lo que empezamos a discutir fuertemente. Me sorprende la facilidad y rapidez con que esta gente puede llegar a un estado violento. Me pegaron entre dos hombres y una mujer, se cansaron de darme piñas en la cabeza y en todo el cuerpo».
«Me subieron como un animal, me tiraron al piso del móvil esposada mientras me seguían dando algún que otro golpe. Me dijeron ‘portate bien si querés que te acomode, sino vas a llegar así a la comisaría’. Cuando llegamos mi estado era deplorable. Fue el show de toda la comisaría, todos riendo y acusándome de negra de mierda, borracha y cuántas otras cosas», prosiguió.
La joven indicó que padece diabetes, y que en la dependencia policial sufrió un pico de glucemia, lo cual fue ignorado por los policías. «Me encerraron en el calabozo, privándome del uso de insulina o el aparato medidor. Qué sola me sentí por Dios. Tenía miedo, y lo tengo aún, me duele todo el cuerpo. La cabeza me explota de tantos golpes», siguió.
Hasta aquí la historia de la víctima, en un futuro no muy lejano se aguarda la respuesta desde la Inspección General de Seguridad en cuanto a la definición de las actuaciones administrativas y las sanciones que pesarán sobre los efectivos involucrados, de los cuales no se ha dado a conocer situación de revista y datos filiatorios.
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