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Desde fines de 2019, se crearon los impuestos: PAIS, derechos de exportación, Aporte Solidario y se aumentaron Ganancias de Sociedades, Bienes Personales, Ingresos Brutos. Pero «los recursos fiscales nunca son suficientes», dice con muchísima razón en un artículo Martín R. Caranta en una prestigiosa publicación nacional. Y eso por solo mencionar los impuestos creados en estos últimos cuatro años. 

Esta acción se presenta como propia de un Gobierno absolutamente incapaz de desarrollar políticas económicas que reactiven a las diversas áreas del Comercio, Servicios, Industria, Agricultura y todas aquellas actividades lícitas que dan empleo y generan recursos genuinos a sus provincias y al país.

Al parecer, nuestra clase política no encuentra otra salida para paliar la “crisis de la distribución de los ingresos y llevar adelante un desarrollo equitativo, atacar la pobreza infantil y lograr una mayor inclusión social si no es creando impuestos». Es así a tal punto, que en Argentina existen, como lo hemos mencionado incansablemente desde Unión Comercial e Industrial de Mendoza, más de 160 impuestos que además, en muchos casos se superponen.

Tanto el Ejecutivo como el Legislativo, ante cualquier circunstancia que implique buscar fondos, toman la variante más fácil: crear un impuesto. Esto lo demuestra el proyecto de Impuesto a la Renta Inesperada, que busca cobrar un gravamen a empresas que tuvieron ganancias superiores a los $1.000 millones en el último año. El mismo consiste en aplicar, por única vez, una alícuota del 50% en el impuesto a las Ganancias. La justificación es “pedirle a los que han tenido una ganancia extraordinaria que contribuyan en esta difícil coyuntura del país”.

Se olvidan de un ”pequeño detalle“. Esta «renta extraordinaria» que tendrán algunas empresas, independientemente de la causa, viene a producirse luego de prácticamente dos años de parate de la economía, provocado por la pandemia y la cuarentena, periodo en el cual muchas de esas empresas se sostuvieron a duras penas, vendiendo activos o achicándose para sobrevivir.

Los empresarios, desde nuestra vereda, vemos que con nuestro trabajo, esfuerzo, habilidad, valentía y capacidad de generar ingresos, en un país que hace todo lo posible para destruir la empresa, tenemos la obligación de sostener un estado deficiente.

No importa cuántos impuestos se creen. El Estado argentino tiene siempre la capacidad de gastar más, agrandarse, malgastar y dilapidar los fondos que con tanto esfuerzo tributamos, los que tributamos, que cada vez somos menos.

Todo esto sin tener en cuenta el principal y más injusto y descarnado impuesto que es la inflación, que desde hace muchos años castiga a todos, pero fundamentalmente envía más y más población a la pobreza.

Dado todo este panorama y de sancionarse este proyecto de ley: qué nos haría pensar que los fondos van a ser utilizados realmente para los fines propuestos. ¿De qué manera este nuevo gravamen solucionaría, aunque más no sea una parte de nuestros gravísimos problemas?

Desde el empresariado nos permitimos dudar que realmente estos fondos (se calcula que podrían recaudarse 200.000 millones de pesos) lleguen a utilizarse para lo que se pretende. Por el contrario, solo servirá para seguir sosteniendo al Estado insaciable y sin fondo. 

Claramente, UCIM se expresa en contra de este nuevo impuesto que seguirá asfixiando a los pocos empresarios que se mantienen en la formalidad como parte de un sistema impiadoso que no hace más que expulsar empresas a la informalidad o a su desaparición.

No podemos denunciar más que la actual Administración Nacional,  no tiene política económica, ningún plan para la inflación, ningún proyecto de fomento de la empresa o para administrar más eficientemente sus gastos. Es un sistema de gobierno anti – empresario, tóxico en todo sentido para el desarrollo de empleo, fomento de creación de empresas y atractivo para invertir.

Claramente les proponemos, al menos, no sumar más impuestos y al contrario estimular la inversión. Y solo con el intento de no seguir agregando cargos ni empleo público y no aumentar más sus sueldos, tendríamos un gran avance.

El sector privado ya no puede exprimirse más.