Tres de ellos correspondió a niños residentes en el Valle de Uco. La enfermedad es provocada por la ingesta del Clostridium botulinum que puede encontrarse en sedimentos de agua dulce y salada, en el suelo y polvo ambiental y contaminar ciertos alimentos.
El caso de Fausto Valentino, internado en el Hospital Humberto Notti, por contraer botulismo del lactante, hizo despertar la alerta acerca de esta enfermedad que, en lo que va del año, ya ha afectado a 8 niños de la provincia, 3 de ellos, oriundos del Valle de Uco.
Fausto tiene casi dos meses, reside junto a sus padres en Eugenio Bustos y, desde la semana pasada, se encuentra internado en la terapia intensiva del nosocomio.
De acuerdo al último parte médico, brindado por la titular del área de Terapia intensiva, Marta Mosciaro, el niño continúa con asistencia respiratoria mecánica. Si bien su estado es reservado, el niño se encuentra estable. «Si bien está controlado, la patología puede tener una evolución prolongada que puede ir desde unas semanas hasta meses, todo dependerá del tiempo en el que la parálisis muscular comienza a recuperarse”, aseguró la especialista.
¿En qué consiste el botulismo del lactante y, en qué se diferencia del alimentario?
La enfermedad es producida por la ingesta de Clostridium botulinum que se encuentra normalmente en la tierra (su reservorio), la cual puede contaminar un alimento o bien a un bebé que, por debajo del año de vida, podría desarrollar la enfermedad.
«En el caso del botulismo alimentario, las condiciones propicias para su desarrollo son humedad, temperatura, falta de oxígeno y pH adecuados. Se puede dar en una conserva casera o embutido donde por la falta de oxígeno genera la toxina que perjudica directamente a aquella persona que consume el alimento”, contó Sergio Saracco, Jefe de Toxicología de la provincia.
Respecto al botulismo del lactante, el especialista aseguró que el proceso descripto con anterioridad se produce en el interior del pequeño, donde la espora ingresa a través de las mucosas nasales o vías digestivas y genera la toxina en el intestino que afecta al bebé en forma lenta y progresiva.
«No es una enfermedad contagiosa, es producida por una bacteria que ingresa, en el caso de los bebés, en el organismo. Hablamos de niños de muy corta edad, entre dos semanas y tres meses. Una vez pasada esa edad, es muy difícil que se presente la enfermedad”, aseguró Saracco.









