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El avance del coronavirus en el país y en todo el mundo es noticia todos los días, a toda hora. No hay momento en que no se hable de ello y cómo repercute en la vida cotidiana, económicamente, social y culturalmente. Argentina es uno de los tantos países en cuarentena. Comercios cerrados, los chicos sin clases, sin eventos ni actividades deportivas. Todo cambió con el coronavirus, pero hay quienes no se sienten afectados, o al menos su día a día no varió. Se trata de los trabajadores rurales. Peones de campo que están en los distintos establecimientos a lo largo y ancho de la provincia de Santa Cruz.

En algunos lugares, ya con temperaturas bajo cero, el frío se hace sentir y la necesidad de contar con provisiones, gas y combustible es apremiante, particularmente la tienen complicada los campos cercanos a El Calafate, donde se está establecido desde el inicio de las medidas, cerrar el portal de ingreso a la ciudad, motivo por los cuales personal policial se encarga de suministrar los elementos necesarios a todas las personas que están en estas zonas rurales, donde la rutina de los “camperos” es casi la misma, pese a la pandemia. Su trabajo no ha cesado y cuando gran parte de la ciudadanía está preocupada por cómo repercute y avanza el virus en sus respectivas ciudades, ellos están tranquilos y es mas, se pudo conocer que en algunas estancias no estaban ni enterados del coronavirus, de su gravedad y de las medidas que se han tomado al respecto. Parece insólito, pero es cierto.
Precisamente, pocos días atrás, personas de una zona rural cercana a la villa turística de El Calafate salieron de la estancia y buscaron ingresar a la ciudad, desconociendo el cierre total del acceso. Otro caso particular fue el de las personas que trabajan en la estancia “La Josefina”, a unos 130 kilómetros de la localidad de Tres Lagos ya que se quedaron sin pilas en la radio y desconocían completamente los sucesos y recién cuando se acercó personal policial de la División de Operaciones Rurales (DOR) en el marco de las labores cotidianas que realizan, se enteraron de la situación que atravesamos con el coronavirus.
 
La preocupación de ellos pasa por sus caballos, los animales que cuidan, sus perros y, obviamente, las pilas, elementos que esta vez les jugo una mala pasada y es raro porque salvo contadas excepciones, la única via de comunicación es la radio, donde les llegan y envían mensajes ya que para tener señal en los celulares deben moverse hasta lugares específicos, algunos muy alejados del puesto.

Si bien hay algunas estancias y puestos cerrados, se estima que son cerca de 150 las personas que están hoy en el campo que cubre la policía rural, que se encarga de llevarles víveres, gas y combustible que los propietarios de estancia adquieren para sus trabajadores y toda esta logística conlleva un trabajo importante, en el marco del trabajo conjunto que llevan adelante con el Consejo Agrario Provincial, la Sociedad Rural Lago Argentino y el Senasa.
 
La semana pasada, dos efectivos asistieron a un peón en la estancia Río Bote, debiendo cruzar descalzos el río para llegar a entregarle unos medicamentos. Es normal y habitual en los componentes de este tipo de grupos pero este tipo de acciones hay que resaltarlas, ya que el Sargento Feliciano Carabajal y el Cabo Jorge Canteros, tomaron la decisión de dejar el móvil para que no se empantane, sacarse los borceguíes e ir a pie a ayudar a esta persona.