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El gobierno de Jujuy y Presidencia de la Nación mantienen una relación que por momentos parece cercana, con colaboración y buena voluntad, y por momentos muestra rispideces. El gobernador Gerardo Morales elogia públicamente al presidente Alberto Fernández, es cuidadoso a la hora de referirse a su figura, pero no duda en tomar decisiones que considere acertadas en la provincia, aun cuando esto pueda dejar expuesto al gobierno de Fernández.

Esa situación, aunque no es nueva, pareció reiterarse esta semana con la salida de la cuarentena rígida en Jujuy para dar paso a su versión “administrada”, comunicación que realizo el mandatario provincial el domingo 19 de abril, anticipando que “es el logro de todos los jujeños” la ausencia de circulación local de COVID-19 en la provincia, lo que permitía la flexibilización en términos singulares, como en ningún otro distrito del país.

Así, Jujuy aparecía en la portada de los principales medios de alcance nacional por permitir la realización de actividad física y el regreso de actividades económicas, aún con polémica, como el caso del empleo doméstico.

Morales, en su habitual informe nocturno, aseguró que la decisión había sido consensuada con el gobierno nacional, a través de jefatura de gabinete. “Hablamos todo el día con el jefe de gabinete”, aseveró el gobernador y aunque Santiago Cafiero, el funcionario en cuestión no hizo declaraciones al respecto, se puso conocer puertas adentro de la casa rosada que la decisión de Jujuy había sido inconsulta y que “Morales se corta solo”, lo que además del eventual cortocircuito, en el gobierno nacional permanece una sensación: la de una competencia por mostrar un mejor manejo de la crisis del coronavirus.

El gobierno provincial, se encuentra en la puerta de la solicitud de deuda de enorme volumen, ya que la provincia pedirá financiamiento por 6 mil millones de pesos del Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial para sobrellevar los efectos de la pandemia y el parate de la economía, de allí que el gobernador intenta sostener una relación que le permita contar con recursos para una gestión provincial deficitaria y endeudada como la que comanda pero por otro lado, toma decisiones con independencia y en ocasiones hiere susceptibilidades en la Casa Rosada.