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Poco más de un año había pasado de aquella revolución de Mayo de 1810, con un comienzo de siglo donde se buscaba eliminar las distancias que separaban la política de la prensa, eran momentos que los pueblos de estos lugares buscaban soltarse de las amarras tantos extranjeras como foráneas que atentaban contra la libertad de expresión, en tanto que se había dado ya un paso para los primeros, y ahora el objetivo era la necesaria Libertad de Prensa, que se constituía como debate central de los ilustres de esta nueva década, y ya en agosto de 1810 el mismo Manuel Belgrano dedica al tema casi la totalidad del número de «Correo de Comercio» con una nota titulada «La libertad de prensa es la principal base de la ilustración pública».

Luego hombres como Mariano Moreno a través de La Gaceta escribirían atentos a la misma temática; más tarde el 20 de abril ya aparezcan las primeras líneas de un reglamento sobra la mencionada Libertad de Prensa, que rezaba:

«…El Gobierno, fiel a sus principios, quiere restituir a los pueblos americanos, por medio de la libertad política de la Imprenta, ese precioso derecho de la naturaleza que le había usurpado un envejecido abuso de poder, y en la firme persuasión que es el único camino de comunicar las luces, formar la opinión pública y consolidar la unidad de sentimientos…»

Y es así que se decretó y se estampó en la imprenta de los Niños Expósitos la norma, rubricada por los miembros del Triunvirato, Feliciano Antonio Chiclana, Manuel De Sarratea, Juan José Paso y el secretario José Julián Pérez.