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El 18 de octubre de 2017, la Asamblea General de las Naciones Unidas tomó una decisión significativa a través de la Resolución A/C.2/72/L.32: dedicar el 20 de mayo como el Día Mundial de las Abejas. Esta fecha no es aleatoria; fue elegida en honor al nacimiento de Anton Janša, un innovador del siglo XVIII en técnicas modernas de apicultura, originario de Eslovenia. Este país ha sido un motor clave para que esta celebración global se materializara, reconociendo a las abejas por su extraordinaria capacidad de trabajar arduamente con mínima supervisión.

La importancia de las abejas no puede subestimarse. Junto con otros polinizadores como las mariposas, murciélagos y colibríes, estos insectos enfrentan amenazas crecientes debido a las actividades humanas. La polinización es vital para la supervivencia de los ecosistemas; sin ella, la producción y reproducción de muchos cultivos y plantas silvestres estarían en peligro. Los polinizadores desempeñan un papel crucial no solo para la seguridad alimentaria, sino también para la conservación de la biodiversidad, un pilar en el camino hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Además, actúan como indicadores del estado de salud de los ecosistemas locales, alertándonos sobre nuevos riesgos ambientales.

Sin embargo, hay factores que representan un peligro para estas colonias esenciales. La presencia de insectos invasores, el uso indiscriminado de pesticidas, los cambios en el uso del suelo y la práctica de monocultivos pueden disminuir los nutrientes disponibles para las abejas.