El presidente de la Cámara de Comercio, Industria, Agricultura y Turismo de Tunuyán, Diego Stortini, brindó una columna de opinión de la situación productiva y económica de la Región. En la misma destacó la importancia del cambio de rol de la sociedad para poder cambiar el paradigma económico de los últimos años.
De la pandemia al desarrollo sustentable
Diego Martin Stortini
59° Aniversario de la Cámara de Tunuyán, y el 140° Aniversario del Departamento de Tunuyán.
Me toca conducir la Cámara de Comercio, Industria, Agricultura y Turismo de Tunuyán en su 59° aniversario, en uno de los momentos más complejos de la humanidad, en donde la pandemia ha dejado al desnudo el estado de nuestra situación socioeconómica, que resulta ser la consecuencia de varias décadas de decadencia productiva y condiciones sociales en franco deterioro. Quienes quedamos expuestos a estas circunstancias somos los dirigentes.
La excesiva politización de cuestiones coyunturales, especialmente de los últimos años, nos ha impedido construir una agenda común.
Los últimos 20 años han sumergido nuestra región en un proceso de primarización y atascamiento de la economía. ¿A qué nos referimos? A que nuestra producción no ha crecido en este período, nuestra productividad está estancada. Sí ha crecido la población y nuestra comunidad, y con ello la consecuente necesidad de insertar a las nuevas generaciones en una sociedad con cada vez menos oportunidades. Este proceso nos pone bajo una circunstancia: hace 20 años que nos repartimos la misma torta (producción) entre cada vez más ciudadanos. La consecuencia es predecible: perdida de bienestar, mayor pobreza y desigualdad.
Este proceso de primarización se caracterizó por un cierre sistemático de industrias, fábricas, galpones, conserveras, que antiguamente permitían agregar valor y hacer crecer la economía regional. En el marco de la desaparición de la industria, “los productores” vieron que sus mercados se concentraron en pocos compradores, perdieron rentabilidad y se alejaron de los planes de tecnificación y modernización para quedar atrapados en el eterno dilema que significa vender productos con poco valor agregado y donde no logran mantener precios y rentabilidad.
Es cierto también, que 2 sectores han tenido crecimiento en la región: Bodegas y Turismo. Pero este “boom” no ha sido consecuencia de una política pública bien liderada para atraer inversiones, sino el resultado de ventajas cambiarias para los inversores ante una situación económica devastada y de la extraordinaria ventaja competitiva que tiene nuestro valle para la producción de vinos de alta calidad. Igualmente, reconozcámoslo, el proceso de “grandes inversiones” lleva 10 años detenido.
Este estancamiento de la economía ha tenido impactos lógicos sobre los sectores de comercio y servicios, los cuales ante la falta de crecimiento y el estado de sobrevivencia se ven obligados a trabajar en la sombra de la informalidad.
En el presente contexto socioeconómico, no debe sorprendernos que entre el 40%-50% de los chicos abandonen el secundario y que solamente el 1% de los graduados universitarios regresen a su pueblo natal para desarrollarse profesionalmente.
¿Qué le proponemos a nuestra comunidad? La respuesta en parte está en nuestra historia.
¿Recuerdan como muchos de nuestros abuelos pobres y con escaza educación, pudieron salir gracias a su visión de futuro, de un modelo ruralista y convertirse en grandes bodegueros, exportadores de peras, manzanas, cerezas, en fabricantes de zapatillas, camperas, etc?
De esto estamos hablando, de enfrentar la realidad económica global actual de los mercados, y recuperar el sendero del desarrollo, como condición necesaria para revertir el aumento de la pobreza. Lograr un proceso de industrialización regional, es la clave para retomar el sendero del desarrollo sostenible.
La industrialización de nuestros productos “en origen”, permitirá comenzar un proceso de multiplicación de nuestra producción regional. Es la respuesta, para comenzar a hacer crecer la productividad y repartir una torta más grande entre todos.
Un virtuoso proceso sostenido de desarrollo productivo e industrial, permitirá que las familias se ocupen con mayor interés en los estudios de sus hijos, y al mismo tiempo darle un rol técnico a la escolarización, con salida laboral evitando la constante deserción. Este mismo proceso logrará que más y nuevos profesionales regresen a nuestra región, de la mano de mejores oportunidades.
La radicación de clusters específicos de industrialización relacionados las ventajas competitivas de nuestra tierra, así como la globalización, son claves para lograr cierto nivel de desarrollo, dar oportunidades de crecimiento y movilidad social a la población, y evitar la fuga de nuestros jóvenes profesionales.
Este camino al desarrollo solo puede ser inclusivo y sustentable.
Este último año, hemos sido testigos de lo importante que es el agua para nuestra región. Hemos aprendido, que, ante la duda, ante la ambigüedad, elegimos cuidar el agua. Tenemos que dar un paso más, debemos aceptar cierta hipocresía en la discusión del agua, cuando vemos canales de riego sin presurizar, productores con sistema de riego de la época colonial, ríos y arroyos convertidos en desagües cloacales.
Sin buscar culpables, queremos que nuestra sociedad tenga una discusión sincera de cómo lograr un modelo productivo, que utilice el agua de manera consciente, sostenible y renovable.
Claramente, para emprender este camino de desarrollo, desde nuestra región se deben priorizar obras públicas esenciales que incentiven la inversión y el crecimiento. Para lograr la radicación de nuevas industrias, es fundamental ampliar la red de gas natural, la red eléctrica, no dilatar más la construcción de la planta de tratamientos cloacales. Necesitamos una fuerte planificación en rutas productivas provinciales que interconecten nuestros diversos centros productivos y al mismo tiempo desviar transporte de los centros urbanos.
Para lograr nuevos empresarios que agreguen valor es imperioso que desarrollemos un parque industrial, de logística y servicios, el cual incluya la zona primaria aduanera que Tunuyán tanto necesita.
La finalización de la Ruta 94 hasta el límite con chile debe ser objetivo de toda la política y dirigencia de Tunuyán y de la provincia. Este histórico paso, impulsara al Valle de Uco como clúster turístico y agroexportador con su propia conectividad.
La pandemia puede ser una oportunidad para concientizar a la clase dirigente de la necesidad de refundar las bases para un desarrollo sustentable. La pandemia ha puesto en relieve las debilidades de un modelo que viene desde hace décadas en un sentido contrario al desarrollo, generando día a día más pobreza y desigualdad.
Generar las condiciones para refundar la producción y la productividad es clave para el crecimiento, pero no habrá desarrollo sustentable sin un cambio en la visión de los dirigentes y en particular de la política.







