Antes del mediodía del 21 de octubre, un hombre de unos 50 años, llegó hasta el tribunal de Gestión Tributaria en calidad de vendedor informal como muchos que llegan a las oficinas públicas a diario.
En el local de Colón al 100 de Ciudad se presentó como enviado por un juez o una jueza (las fuentes que contaron el caso a este diario no lo tienen claro) y dijo venir de San Carlos. «Soy productor y me dedico a la cría y faenamiento de animales», soltó.
Luego, con gran locuacidad recuerdan los testigos que el hombre se mostraba simpático y seguro, indicó que traía una oferta culinaria que pocos iban a poder rechazar.
«Vine del Valle de Uco con animales para vender, justo para ahora que se acercan las fiestas de Fin de Año».
El sujeto contó acerca de un atractivo combo para el bolsillo que constaba de «un chivito, un lechón y como tercer componente se puede optar por un kilo de asado o un trozo de jamón crudo equivalente al asado; todo por $1.100».
El hombre apeló a una máxima del buen vendedor y explicó que había venido desde San Carlos en su camioneta con cúpula frigorífica con 50 combos y que en el transcurso de esa mañana ya había vendido 40, «me quedan diez».
Para pulverizar sospechas sacó su celular, en el que albergaba fotos a modo de catálogo. Los empleados se apiñaban en el mostrador para ver el combo fotografiado.
En efecto, en una de las fotos se veía a los cadáveres de un chivo y un cerdo, ambos pequeños y de color rosa, que indicaba carne en buen estado. Al lado aparecía una tira de asado, igual de rosada.
Como si la prueba no fuera suficiente, el hombre deslizó su dedo sobre la pantalla del celular y mostró a su auditorio lo que sería la cúpula frigorífica de su camioneta con cajas de telgopor donde teóricamente iba el combo.
Para entonces, a muchos varones del juzgado la boca se les humedecía de deseo (era casi el mediodía) y los bolsillos se les aflojaban porque la oferta seducía. Entre los interesados había un joven juez, hijo de un renombrado jurista local que se casa el mes que viene y también vio con buenos ojos la ganga.
El vendedor explicó además que su socio andaba por el centro en la camioneta y que, debido al tránsito, vendría antes de que la oficina cerrara, pero que quien deseaba podía dejar una seña de garantía para quedarse con el combo. La oferta se había esparcido por el tribunal y en un momento los compradores eran más que los productos disponibles.
Entonces algunos comenzaron a dejar señas de entre $ 500 y $ 600, pero hubo quienes pusieron los 1.100 directamente para asegurarse el producto. Así, quienes inicialmente habían dejado solo un adelanto, optaron por darle todo el dinero al hombre.
A las 13, el hombre les explicó a los compradores que debido a la hora pico llegaría en un rato” con su socio en la camioneta para entregar los pedidos que había levantado. Todavía lo esperan.
A las 14.30 ya no tenían dudas: habían sido víctimas de una estafa. No hubo denuncia.
Foto: web
Fuente: Los Andes







