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En esta época en que todos estamos más que pendientes del coronavirus, los datos, estadísticas, lo que sucede hora tras hora y por otro lado casi silencioso, el avance del dengue en especial en distintas provincias de nuestro país, la inocencia de los niños nos roba unos minutos, nos aleja de toda esa vorágine sanitaria y nos adentra en su mundo de fantasía, ternura, amor, solidaridad y niñez. Esta es la historia de Álvaro un pequeño de 9 años de Tunuyán, que no oculto su alegría por compartir lo suyo con otros niños.

Un día como cualquiera, donde todos nos quedamos en casa para cuidarnos del contagio del coronavirus, Álvaro se mostraba inquieto, iba y venía de un lado a otro de la casa lo que en un momento dado, llamo la atención y curiosidad de su madre.

El asombro fue el ver que su niño estaba amontonando un montón de juguetes que tiene y no usa y le contó que era para dárselos a los niños que no tienen con que jugar, más en estos días de estar dentro de las casas. A sus 9 años, Álvaro quería compartir sus tesoros guardados y que alguna vez lo hicieron feliz.

Álvaro concurre a la escuela “Antonio Torres” y vive en el barrio Los Manzanos de Tunuyán, le gustan muchos los dinosaurios y tiene un hermanito más pequeño que se llama Santiago.

Por enseñanzas en la escuela y ver en la tele los dibujos animados, sabe muy bien que los camiones recolectores de basura andan por todos lados y no tuvo mejor idea que pedirle un barbijo a su madre y ponerse a mirar por la ventana, aguardando la llegada del camión que pasa por la puerta de su casa, justo ese día.

La espera no duro mucho, sus ojitos brillaron cuando vio en la esquina doblar el tan esperado camión y cuando detuvo su marcha, a través del vidrio le hizo señas a uno de los trabajadores y salió rápidamente a su encuentro.

Ante el asombro del hombre, le pidió que como ellos andan por muchos lugares, le iba a dar una bolsa de juguetes y donde supiera que había un niño que no tenía con que jugar, le regalara uno de estos.

Ante este noble gesto, en el momento emotivo que se daba en ese instante, el recolector emocionado hasta las lágrimas le dijo que le gustaría darle un abrazo, pero por motivos sanitarios no podía hacerlo y solo le dijo “que Dios te bendiga”, tras lo cual el querido Álvaro de esta historia, ingreso a su casa con una sonrisa de oreja a oreja, feliz de haber hecho esta obra de bien, mientras los recolectores continuaban su marcha por todos los rincones de la ciudad.

Hermoso gesto que queremos compartir, lo que nos enseña que Álvaro con tan solo 9 añitos, no tiene problemas en dar sus cosas, porque sabe muy bien lo que le han enseñado sus padres, que tiene que ver con compartir y también entender cuando se le dice que un juguete no se puede comprar.

Historias que nos deja esta cuarentena.