Todo tiene un comienzo y un fin, sin importar el tiempo o el período de duración. A veces, tarda más de lo que se piensa o dura menos de lo que esperamos, pero llega, ya sea dulce, amargo, doloroso, transitorio, triste, amoroso o de la descripción que nos imaginemos, lo ignoremos o no, todo tiene un fin.
Es evidente que, así como la vida, también hay una muerte, una primavera y un otoño, la portada de un libro y su final hipnotizante, las noticias de un pequeño virus apareciendo y las noticias de que algún día terminará por ser solo parte de un pasado.
El año comenzaba normal y todos hicimos planes, no esperamos que nuestra vida se viera limitada a cuatro paredes. Casi como una película de terror, todo lo que conocíamos comenzó a volverse peligroso: besarse, abrazarse, sonreírse, acercarse al lado del otro se volvía casi mortal, así que todo lo que pensábamos que era normal se nos fue arrebatado por un ser tan pequeño que ni siquiera podemos verlo, un virus que encarceló al mundo.
Mientras más avanzaban los meses, más peligroso se volvía el virus; adaptarse a la cuarentena total cambió la rutina, nuestros planes y sueños para el 2020, todos tuvimos que aprender a convivir con esta nueva forma de enfrentar la vida, aprender a estar en familia, a conocernos como somos realmente, aprender nuevas cosas y también, de amar de una forma nueva.
Pero no solo, se llevó nuestra libertad, también perdimos a muchas personas que amamos y que ni siquiera pudimos despedir, eso también nos enseñó a despedir desde la distancia. Despedir tocando bocina, dentro de un auto, saludando en el dolor, llorando en la distancia y apoyando todo el pueblo, también fue un aprendizaje que sentimos todos, algo emocionante, triste, pero un consuelo que nunca experimentamos.
La experiencia nos hizo fuerte, no todo fue malo y en el trayecto de este año, comprendimos muchas cosas que antes ignorábamos:
-Valorar a la familia, el tiempo que tenemos juntos y lo lindo que es abrazarse.
-Valorar un simple paseo por la plaza, con amigos, riendo, escuchar a los niños reír, sintiendo la brisa en nuestra cara, algo tan simple pero que tanto necesitamos.
-Valorar la libertad, porque este año aprendimos que ser libre nos hace feliz y que la libertad es un privilegio.
Ante la necesidad de lo que este virus trajo, la empatía, la bondad fueron valores que estuvieron presentes, porque mientras más crecía el virus, más tendimos nuestras manos a quien lo necesita.
Así que sí, muchas cosas cambiaron, desde ganar experiencia hasta perder, desde crecer en valores hasta ser parte de ellos. ¡Gracias a nuestros médicos, enfermeros, personal de salud, a la policía, a los bomberos, a quienes cada día tuvieron que hacer frente a esta pandemia para mantenernos a salvo!¡Gracias a vos que soportaste tanto durante un año tan difícil! ¡Gracias a Dios porque nos cuidó en medio de todo!
Hoy, no somos las mismas personas que pensaron que comenzaban un año lleno de buenas cosas, no, somos más fuertes, más empáticos, más dispuestos a aprender, porque si hay algo que pasa en medio del dolor, es que en esa oscuridad tan cegadora, siempre vemos un haz de luz, un brillo que nos permite mantener la esperanza, de continuar en medio de la desesperación, porque llegar hasta hoy no lo ganamos solos, no, fuimos todos juntos que no permitimos que la pandemia nos transforme sino que nosotros, juntos, transformamos la pandemia.
Ahora, somos guerreros, enfrentando una guerra silenciosa, pero que con las armas correspondientes y los sentimientos a flote, podemos ganarla y de esta forma, dejaremos un futuro grande con un pasado escrito por nosotros mismos.
¡Feliz comienzo del 2021!
¡No olvidemos, nosotros somos los escritores de la historia!
Por Layla Estarriola







